martes, 22 de mayo de 2012

Diosa Justicia.

Cuando llegas a lo más alto de la cima ves todo con total claridad. No hay grandes edificios, fábricas humeantes ni montañas de mierda que te impidan ver al ladrón que roba en las tiendas, a la super diva que se come los mocos mientras va en ascensor, al camarero que se rasca parte pudendas cuando espera en el semáforo de una calle desierta antes de llegar a su oficio o a la niña insolente que tira de las coletas a su hermana pequeña cuando su madre no mira. 
Pero cuando más alto estás y menos obstáculos dificultan tu campo de visión, es tanta la distancia con el suelo, con la realidad, que precisas de un catalejo para poder ver todo eso. 
Por suerte, hace mucho ahorré el dinero necesario para adquirir tal objeto. Además, con mucho esfuerzo, caídas, resbalones, contra lluvia, frío, nieve y tormentas, a veces descalza y otras desnuda, saqué fuerzas de donde no había y al fin estoy en el lugar que me corresponde, rodeada de manos que han tirado de mí, de cuerdas que me han ayudado a subir y zapatillas o abrigos que me han protegido de las inclemencias más horribles. 
Tengo el catalejo, estoy en la cima más alta, y ahora sólo queda dar un último empujón...

Cuando alguien descubre cosas insólitas, alucinantes, novedosas e interesantes las cuenta a la prensa. Son portada de muchas revistas y periódicos, y a sus descubridores se les paga con dinero y fama. Yo no quiero ni dinero ni fama, me conformaré con la satisfacción de entregar al ladrón, de mostrar a la verdadera super diva, de avergonzar al poco higiénico camarero y desenmascarar a la cruel mocosa que pega a su hermana. Porque, ¿acaso hay mejor satisfacción que la de ver a todos en el lugar que les corresponde? ¿acaso no es justo que todos paguemos por los errores cometidos? 

Descubrir al mentiroso, dejarlo con el culo al aire. 
¿Cruel? No... 
Justo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario